Mi primera máquina de arcade

 

Siempre ha sido mi deseo, desde que en mi niñez tuve mis primeros contactos con los videojuegos, allá a finales de los años 70 y principios de los 80, el poder tener una máquina recreativa en casa. Sobre todo, cuando supe que eso era posible. Pues el solo pensar en poseer una de ésas máquinas era para mí cosa muy poco probable.

Comencé a alucinar con los primeros juegos de maquinitas portátiles de pilas de botón. Que ni siquiera tenía una propia. Miraba cómo jugaban otros. Y a duras penas me dejaban jugar. Ni siquiera entendía por qué me mataban, ni de qué iba el juego. Pero ésas máquinas en blanco y negro, que se movían como un metrónomo en un suceso de tonos digitales, hipnóticos. En ese pulso, mi corazón se aceleraba cuando el juego entraba en una fase más difícil, sincronizándose con el latir de la máquina.

Un Game & Watch de Nintendo, era imposible para mí, poseerlo. En puesto de eso, me conformaba con adorar las máquinas de los chicos mayores que podían jugar y tener una de éstas. Bien, porque trabajaban y tenían dinero para comprárselas, o bien, porque sus padres les compraban el capricho. Eran todos niños de la capital. Tenían acceso a todas esas cosas. Yo, en el pueblo, tenía que esperar a que llegara el verano para ver a todos los niños venir de Madrid a mi tierra a disfrutar de las playas. Claro, y yo a mendigar una partida.

Así que una máquina recreativa, de ésas que tenías que echarle una moneda de cinco duros, era impensable para mí.

Los juegos eran mucho más alucinantes que los de las Game & Watch. Eran a todo color, con música. Nada pulsos sonoros. Era música. Era música para mis oídos. Era todo color. Y era alucinante. Era como ver los dibujos animados, pero pudiendo controlarlos con el joystick.

Así que me subía en la bicicleta y me iba muy lejos, en La Manga, a una sala de máquinas recreativas. Con mis apenas ocho o nueve años, me subía en una bicicleta más grande que yo. En la que me tenía que bajar del sillín para poder poner los pies en el suelo y recorría siete u ocho kilómetros, que para mí era el fin del mundo. O mejor dicho, el paraíso.

Se me quedaba la boca abierta viendo los juegos. Las máquinas. Los niños altos y mayores, que llegaban a lo alto del monitor. Ahí estaba yo, de espectador, viendo desde mi metro diez de alto, desde abajo, los mayores jugando a juegos alucinantes. Para mí, era lo más. Eran geniales. Era como un sueño. Y me imaginaba a mí, jugando. Y me imaginaba ésos mundos que me mostraban los juegos, y me sumergía en ellos.

Luego deshacía todo el camino y llegaba a casa, disimulando, por si alguien se hubiera dado cuenta de mi ausencia. Pero nadie decía nada. Mejor.

Los siguientes veranos los juegos eran mejores. Y un año pusieron una sala cerca de mi urbanización. Oh la lá! Qu’est-Ce que c’est?

Pero no tenía dinero. Solución, decidí cogerlo yo mismo. De la caja de la tienda de mis tíos. Me llenaba los calcetines de monedas de veinticinco pesetas y aguantando el dolor que me causaban en la planta de los pies, disimulaba para que no se enfadaran conmigo.

Así que misteriosamente, de vez en cuando sentía interés por acompañar a mi padre al pueblo, donde mis tíos tenían el cajón con las monedas. Para luego volver a la urbanización y adiestrarme en el noble arte del Double Dragon. Máquina a la que tomé especial atención, porque aprendí muy bien a jugar. Gracias a un amigo que me adiestró.

Una noche que no tenía monedas, estaba por la cocina y vi una moneda huérfana, encima del mostrador.

Me fui con ella a la sala de recreativos y me puse a jugar a mi Double Dragon.

Pues sentía la multitud de miradas observándome detrás y por encima de las orejas. Y yo seguía jugando con mi moneda al Double Dragon. fui avanzando, fui avanzando y avanzando… ¡Me pasé el juego completo con una moneda de veinticinco pesetas!

La gente alucinaba.

Estuve unos días sin volver a la sala recreativa.

Cuando vuelvo a ella, ¡Ya no estaba mi máquina!

Yo no sabía por qué.

Pero hoy día sé que el dueño de la sala pensaría que esa máquina no era rentable. Sobre todo si la agarraba yo. Porque era capaz de jugar dos o tres horas seguidas y pasarme el juego completo echando solamente una moneda.

Hasta ese punto llegué.

 

 

Bueno, la cosa es que ahora es posible tener una recreativa en casa, por muy poco dinero.

Con la llegada de la tecnología Raspberry, Raspberry Pi 3 Model B, se puede.
Están vendiéndolas en kit completo, ya listo para jugar, con dos mandos de Super Nintendo (USB) y conectar a una televisión mediante HDMI, por unos 90 EUR

Pero si te quieres complicar la vida, te puedes hacer tu propia máquina recreativa.

Puedes comprarla ya lista en tiendas especializadas de arcade. Vienen listas para jugar y con un software alucinante. Con tantos juegos que en la vida te dará tiempo a jugar a todos ellos.

En este video puedes ver un ejemplo de ese software:

http://www.marcianitos80.com

Entra en esa web y ponte en contacto. Te informarán. Es una tienda de la Comunidad de Madrid.

Este video muestra un cliente de esa tienda de Madrid enseñando la máquina que ha comprado a Marcianitos80:

(Es el mismo software que la otra arcade, traducido al español)

https://youtu.be/zj1fb7VsX0g

Pero con la Raspberry Pi también puede funcionar la cosa.

Yo me estoy haciendo los planos para el gabinete. Albergar un viejo monitor de caja VGA y conectarlo a la Raspberry con un adaptador HDMI-VGA.

Pero también lo puedes comprar por eBay ya hecho:

http://stores.ebay.es/bartoparcadesevilla/

Necesitas

1 tv o monitor con entrada HDMI
1 cable HDMI

Normalmente siempre tenemos un viejo monitor o tv por ahí en casa que nos puede servir.

1 o 2 kits joysticks para arcade

Hay tutoriales de cómo montar el kit. Tanto el tema de carpintería, como el de conexión de los cables. Asegúrate que lleve una interfaz de USB que no tiene nada de retardo (Zero Delay Arcade USB Encoder) es muy sencilla de conectar.

http://stores.ebay.es/retr80s/

 

1 Raspberry Pi 3 Model B
1 Cargador para Raspberry Pi
1 sistema de refrigeración para la Raspberry Pi

Puedes comprar la Raspberry por 35 o 40 EUR sola, o investigar y comprarla con el cargador, con el sistema de refrigeración y carcasa. La Raspberry irá escondida dentro del gabinete, así que no tiene importancia que la carcasa sea muy vistosa. Es mejor buscar una carcasa que proteja la Raspberry y se pueda fijar en alguna parte al tablero.

2 altavoces
1 amplificador de audio
1 cable audio RCA-Jack
Cable de audio (rojo y negro)
1 Cargador para el amplificador de audio

Hay quien no pone sistema de audio y simplemente introduce un jack en la Raspberry para conectarla a unos altavoces de ordenador o a unos cascos.

1 Tarjeta mini SD

Puedes complicarte instalando el sistema en la tarjeta, los juegos, todo. Como quieras. Hay tutoriales de cómo hacerlo.
Yo he preferido gastarme el dinero y comprar una tarjeta ya configurada.

Yo se la compré a este vendedor:

http://www.ebay.es/usr/retro_arcade

 

Si te vas a hacer tu propio gabinete, puedes cantear la madera con el mismo material que llevan las máquinas recreativas: T-Molding

Se vende en esta web de USA:

https://www.t-molding.com

Aquí tienes un tutorial sobre cómo colocar el T-Molding:

 

También necesitarás una regleta para conectar todos los enchufes de corriente.

Puedes conectar la regleta a este enchufe:

aquí tienes dos tutoriales sobre cómo conectar los cables:

La decoración de la máquina es cosa de cada cual. Podemos pintarla, usar un tablero de aglomerado que lleve ya una melamina del color que queramos, usar vinilos, pegatinas, pintura de spray… Usar leds, metacrilato…

Suerte y que te diviertas.

 

Aquí te dejo unos tutoriales:

 

Y aquí más abajo te muestro los vídeos del proceso de creación de mi primera máquina arcade:

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