Un espectáculo espléndido

Estoy aquí, en el mismo sitio, durante un tiempo largo y monótono.

Yo estoy enamorado.

Y el amor me trae de cabeza.

Me descontrola, me desestabiliza, me desespera.

Y la espera se me hace agobiante.

Día a día como losa tras losa. Día a día como piedra tras piedra. Día a día como un día menos para el día del fin.

Este gordo meduso, muso de un pintor tuerto y un músico sordo, se tiró un pedo y llegó a narices de una hermosa dama que había perdido el olfato.

Se cagó en el sillón, un hermoso zurullo humeante, que crujía en el acto de la defecación y caliente yacía sobre el terciopelo negro contrastando con el brillo de éste y el brillo cerúleo del rollizo trozo de mierda. Nadie vino a verlo, nadie se sentó sobre él. Nadie le hizo una foto.

Tuve que restregarme yo solito sobre el zurullo para el pobre no estuviera herido de ser ignorado por el ingente público que se agolpaba en el escaparate de la tienda de ropa.

El gordo meduso, ya tenía el color de su bella tez morena y el siena del fruto de sus entrañas.

Todo empezó a ser más divertido cuando el gordo meduso comenzó a probar, arcadas mediante, lo que le había salido por el ano.

Esto fue una especie de cúlmen porque la gente comenzó a vomitar en la calle y contra el cristal.

Un joven pisó un puente que había sido expulsado de la boca de un hombre de unos cuarenta años que no se había podido resistir y vomitó en una explosión, saliéndole comida hasta por las narices.

Todo un espectáculo.

Hermoso, bello.

Mierda, vómitos, amor.

Sólo faltaba el feminismo, el machismo, la homofobia, la política, el dinero, las armas, las drogas, el racismo, el clasismo, la religión para hacer de esto un espectáculo completo.

Al final, el gordo meduso, se masturbó contra el cristal y eyaculó sobre el sofá.

Salió a la calle en calzoncillos, unos calzoncillos blancos de algodón y se duchó en el parque.

No fue suficiente para eliminar el hedor de las heces y el semen, y los vómitos. Ni tan siquiera para eliminar el marrón incipiente que se dejaba ver en la tela del algodón.

Menos mal que ni hubo heridos, ni sangre, ni violencia de ningún tipo.

Sólo hubo lo que hubo.

Un espectáculo espléndido.

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